Shakespeare and Company, París: la librería más famosa del mundo

La librería Shakespeare and Company de París es la librería más famosa del mundo. Y no es que se trate de un establecimiento de proporciones abrumadoras (de hecho, su escaparate ocupa apenas un par de metros y su altura se limita a dos pisos de techo bajo), sino que lo que la hace tan especial es la historia que la precede, así como su actitud acogedora más que comercial. No es necesario comprar ningún libro para poder subir al segundo piso, sentarse cómodamente en uno de sus muchos cojines y sumergirse durante toda la tarde en la lectura. La librería cierra a altas horas por si uno se queda enganchado a la novela. Así, mientras que en el piso bajo se llevan a cabo todas las funciones de una librería corriente (eso sí, con todo el encanto de sus estanterías de madera desgastada, las paredes atestadas de libros y escaleras corredizas para alcanzar los volúmenes de lo más alto), el segundo piso advierte con seguridad: “A partir de aquí los libros ya no se venden, están a tu disposición para que los cojas y los leas todo el rato que te apetezca”.

 

La librería Shakespeare se encuentra en el número 37 de la rue de la Bûcherie de París. En el quinto distrito, justo frente a Notre Dame, pero al otro lado del río Sena. No es una librería para las masas, sino para un puñado de personas. Hay que ir con cuidado para caminar entre las estanterías y en el piso bajo apenas hay dos dependientes que jamás se mueven de sus cajeros. No acompañan a los clientes ni les preguntan: “¿Puedo ayudarle en algo?”, sino que se protege la sensación de una librería hogareña en la que cada cual puede ir a su libre albedrío, sin que nadie le llame la atención. Dentro reina un desorden agradable, impresión de dejadez, olor a papel viejo y madera astillada.

Al segundo piso se llega subiendo una escalerita de madera, en la cual hay que ir sorteando los libros desperdigados por los escalones para no pisarlos. Los libros de arriba no se venden, son solo para la lectura. Es este un espacio para el sosiego, lleno de cojines, taburetes de madera y cavidades en las esquinas, donde la gente se acurruca con su libro; un balcón abierto de par en par, que se ve desde la fachada y donde los visitantes se sientan a leer con las piernas colgando. Uno puede coger dos o tres almohadas orientales, sentarse cómodamente contra una estantería y leer mientras escucha a una chica cantando en la otra habitación, al compás de un piano empotrado en la pared. Junto a ella dos ancianos juegan al ajedrez, casi la mitad de las piezas se desparraman fuera de los límites del tablero. Al mismo tiempo, suena el traqueteo de una máquina de escribir. Será algún escritor asediado por la inspiración, que se desahoga desde el interior de una casetita de madera.

Pero al margen del encanto en las pequeñas cosas, la librería Shakespeare and Company se diferencia por su historia. El comienzo de su larga tradición se remonta a la década de los años 20, cuando Sylvia Beach, la propietaria más famosa de la librería, regentaba la Shakespeare y se hacía famosa por ser la primera en publicar el Ulises, de James Joyce. Por estos tiempos, frecuentaban la librería los llamados escritores de la Generación Perdida. Eran estos un grupo de notables autores estadounidenses que vivieron en París desde la Primera Guerra Mundial hasta la gran crisis económica previa a la Segunda Guerra Mundial. Entre ellos se encontraba Ernest HemingwayEzra PoundFrancis Scott Fitzgerald, la famosa marchante de arte pero también escritora Gertrude Stein, y el propio James Joyce.

La librería tuvo que cerrar en los años 40 debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial, debido a la ocupación de Francia por parte de las potencias del eje. Se cuenta que un oficial alemán ordenó el cierre de la librería cuando Sylvia Beach se negó a venderle el último libro de Joyce. Afortunadamente, en los años 50 la Shakespeare and Company resurgió bajo el mando del americano George Whitman, que volvió a convertirla en uno de los centros de la cultura literaria del momento. En estos años, muchos de los escritores de la Generación Beat (Allen Ginsberg y William Burroughs sobre todo) se alojaron allí. Hoy en día, la librería Shakespeare de París se ha convertido en el símbolo por excelencia de la vida bohemia parisina, de literatura y de creación.

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