SANAA, arquitectos creadores de atmósferas de cristal

Ganadores del premio Pritzker en el año 2010, Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa se alzan hoy en día como unos de los arquitectos más admirados. Edificios sin límites, sin contornos, sin espacios. Auténticas atmósferas de cristal.

La arquitectura muchas veces se define como un conjunto de volúmenes que conforman un espacio bajo el cual la luz penetra, resbala, juega y en el que el hombre es el eje principal. Pues bien, el siguiente equipo de arquitectos, formado por Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa, seguramente no estaría de acuerdo. Debe tenerse en cuenta que se trata de una pareja japonesa y que la cultura oriental está, aunque aquí no esté citado explícitamente ni ellos mismos lo digan, detrás de su pensamiento. Ideas como la transparencia, el no tener que ocultar nada o el exagerado minimalismo están presentes a lo largo de toda su carrera, como se verá más adelante.

SANAA, como se llama el estudio de arquitectura que vamos a intentar acercarnos, no crea espacios, como se ha apuntado en la definición de arriba, sino atmósferas. Normalmente, el espacio es algo delimitado, completamente definido y en el cual uno se siente apartado de la realidad exterior, aunque puede haber una relación visual. En las atmósferas de SANAA, por el contrario, uno no sabe muy bien dónde están los límites de sus edificios. Los límites se difuminan, los cristales desaparecen, los muros se nos presentan como simples hojas de papel. Tratan a los edificios desde casi lo abstracto.

A continuación, una fotografía, un esquema estructural y el detalle de fachada del Nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York, obra de esta pareja.

Pero, ¿realmente cómo se proyecta un edificio así?
La famosa frase de Mies que define la corriente de la arquitectura moderna “menos es más” debería ser completada y entonces adquiriría un sentido pleno en este texto: menos es más complicado. En los edificios de SANAA, dónde no hay nada (cuidado, solo aparentemente), hay un trabajo de construcción y dedicación muy especial. La preocupación por esconder los marcos de las ventanas y puertas, de controlar el despiece del cristal, de cómo el cristal continúa por toda la fachada sin interrumpirse entre los distintos pisos, etc. Éste tipo de detalles, llamados por los arquitectos los puntos singulares de un edificio, son los que hacen tan grandes a los edificios de SANAA.

A algunos erróneamente les parece una arquitectura repetitiva y copiosa. Lo único que se repite constantemente en los edificios de Sejima y Nishizawa es la idea de atmósfera. Algunos materiales como el cristal o el color blanco son muy empleados debido a que ayudan a alcanzar la abstracción formal que buscan, pero en ningún caso se trata de una simple copia de un edificio ya existente. Se trata, por decirlo de alguna forma, de la misma filosofía de vida.

Buenos ejemplos de todo lo expuesto son el pabellón de vidrio en el Museo de Arte moderno en Toledo, Ohio; la tienda para Dior en Tokio, Japón; o el Centro de Aprendizaje Rolex en Écublens, Suiza. En estos edificios se ve mucho de esa preocupación por la atmósfera.

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Museo de Arte moderno
 en Toledo, Ohio

Este primer edificio, concebido como una zona para exposiciones, talleres, y algunas oficinas representa claramente lo que SANAA tiene como premisa fundamental: la atmósfera como concepto más amplio que espacio. Los reflejos, la amplitud que se consigue con el cristal, los encuentros de las cristaleras con el techo y el suelo, los espacios impracticables que quedan entre los distintos cristales… todo esto ayuda a crear esas sensaciones en nosotros, en nuestra mente, que es agradablemente engañada por estos magníficos arquitectos.

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La tienda para Dior en Tokio, Japón
En este segundo caso la sensación de atmósfera no la percibe tanto el que vive el edificio desde dentro sino para el viandante que circula por la ciudad – hay una jerarquización de ideas, considerando casi más importante la apariencia exterior. Se ve como la volumetría se adapta a las calles y formas de la ciudad. También juegan un papel importante las distintas alturas entre los distintos pisos, que quedan subrayadas por la ausencia de luz en la noche, ya que, al parecer aleatorias, tienen un lazo muy estrecho con la “caótica” ciudad circundante. A pesar de esa relación hay otro juego visual más, una bonita contradicción: de día, cuando el Sol ilumina el mundo y nos permite distinguir formas, colores, etc, el edificio se difumina; mientras que, en la noche, cuando todo se confunde más, el edificio se remarca con una iluminación extremadamente cuidada. Estamos, sin duda alguna, ante un maravilloso juego de pensamiento y construcción de SANAA.

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Centro de Aprendizaje Rolex en Écublens, Suiza
Este último ejemplo está situado en un campus universitario de Suiza y en él se mucho de ese pensamiento de Sejima y Nishizawa. Sus formas alabeadas, los reflejos de los cristales, el blanco puro de sus techos… nos trasladan a un mundo que se desarrolla por encima de nosotros, en las nubes. Este edificio tiene la particularidad de que puede ser vivido de tres formas distintas: desde dentro, desde fuera o desde abajo. Desde cada punto de vista tendremos sensaciones y perspectivas muy diferentes pero la idea de forma y fondo, tierra y cielo, hombre y arquitectura, es la misma.

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