Saber ver la arquitectura (III): El espacio estático romano

Los romanos son conocidos por ser los más expertos en la historia sobre la construcción de grandes monumentos y edificios. Sus avances en los sistemas de arcos, bóvedas y la famosa cúpula del Panteón son sus grandes hitos. ¿Pero qué esconde su arquitectura? ¿Qué hay detrás de toda esa piedra?

Después de la arquitectura escultórica de los griegos, labrada en el más puro mármol blanco, nos adentramos en el primer período histórico donde la construcción se pone al día -hecho que relega a las columnas y arquitrabes griegos a meros relieves en muchos casos- y va acorde a la arquitectura que conforma: la arquitectura de la antigua roma.

Los secretos más íntimos que guardaban casi todas las proporciones naturales ya habían sido descubiertas, así que los romanos dieron un paso: intentaron hacerla mejor y más grande. Y al hacerla más grande y, sobre todo, para que la gente esté en ella, se dieron cuenta de la capacidad espacial que escondían sus edificios.

Sección y grabado del espacio interior del Panteón de Roma.

Sección y grabado del espacio interior del Panteón de Roma.

El Panteón de Agripa, el Coliseo romano y la basílica Ulpia en el foro de Trajano son los mejores ejemplos para entender esta cuestión.

La arquitectura romana -en términos espaciales- difiere con la griega en prácticamente todo: el programa de los edificios es completamente distinto, su escala también es diferente, las técnicas constructivas, su conciencia escenográfica, su capacidad de invención, etc. Se abren así nuevos e inmensos horizontes arquitectónicos conquistados al precio de la renuncia a la pureza helénica.

El programa de la Arquitectura griega -y la pongo en mayúsculas porque es de la arquitectura en mayúsculas de la que estamos hablando- se relegaba a templos, monumentos a los dioses y a teatros, cosa que no ocurre en la antigua capital del Imperio. Allí la Arquitectura se contagia a los circos, los foros, los palacios, las termas, los acueductos -si los consideramos arquitectura como tal-, etc. Pero aquí viene la diferencia más importante: debido a ese cambio de programa los romanos dan uno de los mayores pasos que se ha hecho en la historia de la arquitectura, que es traspasar las columnatas y grandes muros para vivirla desde dentro.

Esto provoca que las columnatas que los griegos disponían alrededor de sus templos para sujetar la cubierta ahora se lleven al interior para poder abarcar grandes luces -distancia que existe entre dos puntos de apoyo- y así crear los monumentales espacios. Asimismo, como las columnatas y toda la potencia que traen consigo se van, como hemos dicho, dentro del edificio, todo su esmero se centrará en la decoración y potenciación de esos ambientes.

Izquierda: Partenón de Atenas. Derecha: Basílica Ulpia en Roma.

Izquierda: Partenón de Atenas. Derecha: Basílica Ulpia en Roma.

De esta forma se crea el espacio romano: uno de los primeros en la cultura occidental creado desde la Arquitectura y pensando en ella desde el momento en que se proyecta el edificio. Sin embargo, ¿cómo era ese espacio?

Una de las características principales era la escala monumental, como se ve en esta recreación del exterior de la basílica Ulpia en Roma.

Además, el espacio romano es un espacio estático. ¿Por qué?

Como vemos en las siguientes plantas de el Coliseo, el Panteón y la basílica Ulpia, son elementos completamente simétricos -muchas de las veces en doble eje. Esto provoca que el ojo humano tenga infinitas vías de recorrerlo, infinitos movimientos posibles, o lo que es lo mismo, ninguno. No hay una dirección marcada, no hay un camino preestablecido por el arquitecto.

Quizá estéis pensando que esto no pasa en la basílica Ulpia debido a que uno de sus lados es el doble de largo que el otro pero si nos paramos un momento y nos fijamos, nos daremos cuenta de que ese recorrido no conduce a ningún sitio. Y aunque consideráramos a ese antiguo ábside como un punto de llegada, el mero de hecho de poner uno en cada lado opuesto le quita toda la potencia dinámica de la construcción.

Se trata pues de una arquitectura satisfecha en sí misma e independiente del observador, es uno de esos lugares en los que uno no se siente como en su casa.

Al igual que hace Bruno Zevi en su capítulo de Las diversas edades del espacio de su libro ya mencionado en esta serie de artículos Saber ver la arquitectura, es conveniente recalcar que este aire romántico que tienen muchos de los edificios de la antigua Roma en la actualidad se debe básicamente a que la gran mayoría son ruinas. Los fragmentos caídos, las paredes desnudas, la vegetación tomando los edificios… son motivos como decimos románticos pero no de aquella arquitectura de antaño.

La arquitectura romana expresa una afirmación de autoridad, un símbolo inequívoco del poder del imperio sobre la multitud de ciudadanos. La escala de dichos edificios, en consecuencia, es la escala de esta realidad, no es ni pretende ser la escala del hombre.

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