Para gente que viaja

La historia iniciada en “La tercera persona” sigue en “No te vayas sin mí”, sus protagonistas, Claire y Jacob, van añadiendo momentos a su amor. Después de seis años trabajando juntos en la Universidad, en Nueva York, ella le escribió –desde el tren– una carta hablándole de lo que había sentido hacia él. Y él contestó.


En algunas novelas “pasan” cosas. El lector asiste, agotado, a un no parar de acontecimientos sin que quede muy claro dónde lleva tanta acción. En otras sucede al revés, y después de páginas y páginas de disección de sentimientos, uno llega al final preguntándose qué hizo el protagonista para merecer eso. Álvaro de la Rica consigue un equilibrio entre las cosas que “pasan”: los encuentros, los viajes, las horas de trabajo o de hospital, y la huella que dejan en sus protagonistas.

Eso no quiere decir que sea una novela fácil: además de los saltos en el tiempo y las referencias a otras literaturas, el autor juega con los cambios de voz narrativa. En unas ocasiones se sirve de una carta escrita desde el tren, otras veces es una ensoñación durante un paseo, o una conferencia, o hasta una entrevista a sí mismo. Con todo esto compone una historia compleja y verosímil, incluso cuando algunos personajes, por su manera de presentarse o de actuar, parecen salidos de un sueño. ¿Quién no ha vivido, en el mundo real, momentos que ni el guionista más creativo sería capaz de inventar?

Jacob y Claire se aman, pero no pueden estar juntos. O no deben. O tal vez sí, y no lo saben. O definitivamente no. “No te vayas sin mí” va de amor, de culpa, de deseo, de nostalgia, de necesidad, de gozo, … pero no tiene la última palabra sobre ninguno de estos asuntos. Para eso están los bienpensantes, los que nunca se equivocan, los que lo tienen todo claro porque nunca se meten en jardines sin desbrozar, ni se embarcan en viajes de destino incierto.

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No te vayas sin mí
Álvaro de la Rica
Ediciones Alfabia
Barcelona, 2014
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Ella va sobreviviendo, alimentada por un amor imposible, pero a fin de cuentas real. Unas veces es toda luz, y otras, toda fragilidad. Él sabe lo que debe hacer –es un tipo recto y razonable– pero ninguno de los caminos que se le abren anuncia un final feliz.

En su historia no falta pasión, porque ambos son inteligentes, y saben lo que vale un peine. Si hubieran sufrido menos, probablemente “No te vayas sin mí” sería una novela algo previsible, quizá bonita y poco más. Pero la mujer de Jacob atraviesa una enfermedad para la que nadie está preparado, y Claire se casó con la persona equivocada. En la vida real ocurren estas cosas. En las novelas, a veces, también.

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