Oscar de la Renta también tuvo su gran obra

Oscar De la Renta ya se ha convertido en un mito. Tras 50 años de lucha por crear elegancia para la mujer, abandonó los bocetos. Este discípulo de Balenciaga supo aportar a la moda internacional algo más que simples prendas: referían simbología. Dominicano de nacimiento pero neoyorkino de corazón, a golpe de aguja y de su inconfundible seña clásica, creó su propia marca y se convirtió en la seña de identidad de la alfombra roja de Hollywood.


En los años 60, Jackie Kennedy, icono del buen vestir, cayó rendida a sus pies. Poco más tarde le siguieron las primeras damas de Estados Unidos como Nancy Reagan o Laura Bush. Claudia o Naomi, las grandes tops de los años 90, también lucieron sus voluminosos vestidos en galas y eventos. Pero… no nos podemos dejar en el tintero a Sarah J. Parker. Ella ha sido una de sus grandes inspiraciones y fiel apoyo en el trabajo del modisto durante toda su carrera. Para todas aquellas fans de Sexo en Nueva York… seguro que recordáis una de las escenas más románticas de la serie. Oscar De la Renta está presente con un vestido que más tarde se convertiría en icónico. Carrie Bradshow abrió Vogue en una tarde lluviosa de pleno invierno en Nueva York y, ¿cómo no iba a quedar maravillada de aquella hermosura?

Vestidos creados por y para nosotras. Materiales puros y tonos frescos combinados con un halo que sólo un genio como lo ha sido él podía crear. Oscar De la Renta no creaba moda, sino arte. Quizá aún tenía revoloteando en sus adentros ese jovencito que se mudó a Madrid para dedicarse, en un principio, a la pintura abstracta. En 1972 fue definido como un hombre que se viste a lo Nueva York pero habla con acento español. Ser dominicano de nacimiento pero vivir más de la mitad de su vida en la ciudad más cosmopolita del mundo puede que empujara a que ese estilo propio, e inconfudible, se fuera labrando poco a poco y dejara embrujados a todos los que por primera vez vestían un Oscar De la Renta.

Camina como si tres hombres caminasen detrás de ti

Camina como si tres hombres caminasen detrás de ti. Sus diseño transmitían ese poder, reflejaban la confianza y la bondad de la mujer con un clasicismo femenino que pocos modistos han conseguido alcanzar. Quería resaltar las cualidades que más admiraba de la mujer, crear una extensión de la personalidad y no tanto una simple prenda que lucir: primero quería que notaran la persona y, después, el vestido. Al igual que la Sagrada Familia para Gaudí, Oscar De la Renta también tuvo su gran trabajo final: el vestido de novia de Amal Clooney. Una elección de estilo formal y clásico, con abundante encaje, falda con volumen de tul y bordados y con escote de palabra de honor.

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No puedo encontrar mejor manera de acabar este pequeño homenaje que con las palabras que la propia maison escribió tras su muerte. Au revoir, Oscar De la Renta: “Queridos colegas; os escribimos para haceros saber que Oscar murió la pasada noche en compañía de su familia, amigos más cercanos y unos cuantos perros. Murió como el quería: con tremenda paz y gran dignidad. Mientras que en nuestros corazones siguen apesadumbrados por la idea y vida sin Oscar, él seguirá estando con todos nosotros”.

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