Fragmentos literarios: “Una partida de ajedrez”, de Stefan Zweig

Siempre he estado dispuesto a admitir en principio que un juego tan genial y peculiar ha de produicir sus héroes específicos, pero qué dificil, por no decir imposible, resulta imaginarse la vida de un hombre de inteligencia despierta para quien el mundo se reduce a la estrecha senda entre el blanco y el negro, de un hombre que no exige de la vida otros laureles que el mero ir y venir, avanzar y retroceder de treinta y dos figuritas, un hombre que considera ya una proeza haber descubierto una nueva apertura moviendo el caballo en vez del peón o que cree haberse reservado su mísero rincón de inmortalidad en los perdidos renglones de un libro de ajedrez; un hombre, un ser inteligente, que sin volverse loco dedica un día tras otro, durante diez, veinte, treinta, cuarenta años, la totalidad de su energía mental a la ridícula empresa de acorralar sobre un tablero de madera a un rey también de madera.

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