Sr. Ilustrado: Todos quieren ser David Guetta

OPINIÓN.
Sinceramente, si hoy en día quisiéramos hablar de la música pop actual nos daríamos cuenta de que no tiene nada que ver con las canciones, ritmos y estilos de hace unas décadas. Todo cambia, todo se transforma y en la música pop no existen excepciones. En los últimos tres años el pop ha sufrido una transformación con estructura de música dance y sonidos sintéticos, unido a ritmos bien marcados y  repetitivos, han surgido temas que resultan  fácilmente reconocibles y bailables, canciones muy pegadizas con estribillos sencillos e identificables, aunque lo cierto es que las letras, en la mayoría de los casos, carecen de profundidad y son bastante superficiales… Eso sí, consiguen su cometido, que se queden grabadas en la cabeza y que un día se descubran cantándolas.¿Quién es el culpable del cambio actual en la música? Para ello debemos remontarnos al 2009, veintidós días antes de la trágica muerte del rey del pop, Michael Jackson. Por aquel entonces el grupo estadounidense Black Eyed Peas lanza The E.N.D, su quinto álbum de estudio en el cual se encuentra I Gotta Feeling, segundo sencillo del disco producido por David Guetta, que tras su producción con dicho grupo ha reconquistado las américas y con ello al mundo entero, llevando su nombre a lo más alto de las listas de exitos.
I Gotta Feeling llegó a vender cerca de 14.000.000 de copias por todo el mundo, se alza como una de las canciones más exitosas de todos los tiempos, y convirtiendo a Black Eyed Peas como uno de los grupos musicales más exitosos en el mundo. Cabe destacar que colapsó las descargas tanto en iTunes como en varias páginas, con más de 7 millones de descargas certificadas con multiplatino. Ningún artista ha logrado superar el récord. El gran impacto hizo que EMI le sacará todo su jugo mientras que las grandes discográficas aspiraban a que sus trabajos fueran parecido o similares, deseando que sus artistas fueran producidos por grandes deejays y dejando atrás los ritmos del Hip-hop, R&B o Soul para lanzar al mercado un producto novedoso con el que las ganancias estaban aseguradas.
David Guetta, tras su colaboración lanzo su proyecto llamado One more Love, consiguiendo que su estilo inconfundible invadiera nuestros oídos. Tras este hecho sus colaboradores se quedaron con un buen sabor de boca y siguieron su estilo musical: Rihanna con “LOUD”, LMFAO con “Sorry for party rocking”, y mientras tanto en las listas brotaban artistas como Duck Sauce con “Barbra Streisant”, Swedish House Mafia con “Save the world”,  o Stromae con “Alors On Dance”. Hoy en día, su música esta presente en las emisoras de radio y listas de éxitos de todo el mundo, y ha colaborado con grandes artistas de la música internacional como Rihanna, Will.i.am, Usher, Sia, Chris Brown, Florida, entre otros.
Pero si analizáramos sus ultimas creaciones podríamos comprobar que son escasas en cuanto a creatividad, debido a su enfoque comercial lo más importante es el hacer caja, y en cuando a estructura son muy simples, reutilizando y modificando las notas a una escala. Pero no solo David Guetta, la mayoría de los últimos exitos de estos 3 años tienen una estructura musical compuesta por estes acordes C#m – E – B – A  ( Am – F – C – G ) como por ejemplo:
Telephone, Alejandro, Bad Romance,  Judas, The edge of glory Lady Gaga / Titanium, Where the girls at, Without you David Guetta / Teenage Dream, Fireworks Kate Perry / Good Feeling, Whistle Flo rida / Give me all your luvin’ Madonna / We found love, Talk that talk Rihanna / Payphone, Makes like Jagger Maroon 5 / Dynamite, Hangover Taio Cruz / Glam you came The Wanted / This is love  Will.i.am/ Scream Usher / She doesn’t mind Sean Paul / I wanna go Britney Spears / Stereo hearts Gym class heroes / Sorry for party rockey LMFAO / Call my name Cheryl / Next to me Emili Sandé
¿Es que el ser humano esta perdiendo el don de la creatividad? Puede, según un estudio realizado por el CSIC en el que analizaron 464.411 canciones compuestas entre 1955 y 2000 dice que la música tiende a ser cada vez más homogénea y previsible, debido a la causa de la homogeneización musical desarrollada a lo largo de las décadas, potenciadas por las modas y tendencias de seguir la corriente dominante. Quizás no sea cuestión de creatividad y si cuestiones de consumismo, la vida de las cacniones ahora es más breve y pasa muy rápido de moda, muere en el olvido mientras van naciendo nuevas canciones que tendrán el mismo destino, serán consumidas y olvidadas.
Podríamos imaginar que en un futuro todo será simplificado, que los géneros musicales evolucionen con el paso del tiempo. Si estamos viviendo una metamorfosis de la musica pop, puede que más adelante nos pase con otros géneros como el rock o el jazz. No sabemos que nos deparará el mañana, tan sólo nos queda pedir y esperar que al menos sea de calidad.

Paco

Paco, a la salida de su facultad, Fcom, Universidad de Navarra. Imagen de su colega y amigo Javier Marrodán @javiermarrodan)Paco, a la salida de su facultad, Fcom, Universidad de Navarra. Imagen de su colega y amigo Javier Marrodán @javiermarrodan)

Paco a la salida de su facultad, Fcom, en la Universidad de Navarra. Imagen de su colega y amigo Javier Marrodán @javiermarrodan)


No se puede definir a Paco Sancho con adjetivos. Encerrarlo en esas categorías supondría reducir enormemente su figura, achicarla en una jaula pequeñita, como una de esas columnas de breves arrinconadas en la parte inferior de la hoja del periódico, que a veces esconden sin saberlo tras de sí grandes historias. Enjaluarle en el adjetivo no le hace justicia. Paco era un tipo que ansiaba una escritura y un periodismo sin adornos, diáfano, sencillo en la forma y profundo en el fondo. Que es, a la postre, la mejor forma de ser buenos periodistas. Y la única de ser mejores personas.

Nos gusta adornarlo todo con categorías, de clichés, de tópicos, de sensaciones, de filtros con cristales de colores, de azucarillos que acompañen a los sustantivos que colocamos en nuestra vida. Resulta más complicado limar bien las cosas. Liberar la verdad de toda impostura, del sucedáneo, supone un proceso complejo. Y más en el periodismo. Al final, consiste en presentar desnudas las cosas, tal y como son. Por sí mismas. Así era Paco, un tipo sin trampa, ni cartón.

Acaso el humor, la cosa más seria que existe, define la mirada de un tipo singular, que reflexionaba con el cigarro en la mano y la mirada ensimismada. A Paco Sancho me lo imagino en su garita, acodado sobre la mesa, observando la máquina de escribir, esbozando una sonrisa aviesa. “Veamos, el titular”, se relame, antes de encabezar la página con una de esas frases suyas, plagadas de ironías y sarcasmo.

A Paco Sancho te lo crees porque siempre tenía un no para tus síes, un “depende” para tus certezas, un “déjame que lo vea otra vez” para tus prisas, un “esto hay que darle una vuelta” para tu desidia, un rato más en el que compartir vida y pitillo. Te lo crees porque no necesitas adjetivos para definirle, pues ninguno alcanza a expresar la grandeza de su persona. Hay cosas que por sí mismas se dicen ellas solas. Sin adjetivos. Paco Sancho es una de ellas.

Gasol: la novela humana

Hace diez años, o hace veinte, no sospechabas encontrarte gritando, cual energúmeno, ante un televisor mientras te devorabas  las uñas. Lille fue nuestro Trafalgar


Una incógnita pendía como una losa al principio de la temporada pasada en la ciudad de Chicago. Pau Gasol firmaba allí un nuevo contrato millonario, quizá el último de su carrera, y se postulaba como una seria aunque dudosa apuesta para el juego interior de los Bulls. Incógnita, pues Pau venía de brillar por su ausencia durante las dos campañas anteriores en Los Ángeles Lakers. Las lesiones y las desavenencias con el entrenador marcaron sus últimos dos años junto a su amigo Kobe Bryant, con el que hizo historia al ser el primer español en ganar no ya uno, sino dos anillos de la NBA. Por eso, el fichaje de los Bulls el verano pasado fue observado con gran escepticismo por todos. No por el propio Pau, cuya mente, conservada en formol, reactivó a base de f5 ciertos mecanismos que parecían olvidados. Pronto estuvimos ante el nuevo Gasol, que era en realidad el viejo, el de toda la vida, el del Barça de la Euroliga, el de la barba apostólica y frondosa. En Los Bulls ha vuelto a ser el que era (nunca se había marchado) llegando a las semifinales de Conferencia, siendo únicamente derrocado por Lebron James, probablemente el mejor jugador de baloncesto hoy en día. Era él de nuevo: el de siempre, un Bogart sin esmoquin ni Casablanca. Tras lo de ayer, pase lo que pase en la final, siempre nos quedará Pekín.

Fuente: La Vanguardia

Cuando eras niño, solo soñabas con ver de vez en cuando uno de los nuestros allá, al otro lado del charco. Los enviábamos como submarinos infiltrados tras las líneas enemigas. Anhelabas  verlos codeándose con “ellos”, con su exótica extravagancia y ese aura que poseen los jugadores estadounidenses. Eras un niño. En el fondo, te ilusionaban esas noches: te acostabas pronto y madrugabas, aunque no demasiado, para encender el televisor y sintonizar el All Star o las finales, como si de un canal pirata se tratase. A esas horas… Solo eras un niño. Querías tu colacao, tus galletas: la fórmula más sencilla de felicidad. Estaba Gasol, estaba Raúl López, Jorge Garbajosa… Era bonito soñarlo. Pronto advertimos que la vida no era sueño, al menos no del todo. Las noticias de Gasol empezaron a llegarnos no ya en las novelas de ficción, sino en las páginas de los periódicos. Entonces sí que soñábamos despiertos. Gasol apuntaba maneras desde que entró en  la mejor liga de baloncesto del mundo.  Transido de emoción, te decías: ya puestos, plantémonos en el All Star. Con un par. Era bonito  soñarlo. Y mejor verlo. Así, Gasol fue destruyendo todos los límites posibles, que eran los nuestros, hasta demostrar que en realidad nunca habían existido. Los fue derribando uno tras otro, pulverizándolos fácilmente, tumbándolos como un castillo de naipes. Como los mejores novelistas, Gasol se aproximó a sus ídolos, para después matarlos con sigilo, apropiándose de sus principales virtudes. Se introdujo en las entrañas de la NBA, impuso su propia marca, y rebatió año tras año a todos sus críticos. Pau es nuestra novela viva, que se escribe año tras año, y que todavía hoy parece no tener fin. Ríete tú de los rusos.

A Pau te lo crees porque es un personaje de novela,
más real que la realidad misma.

No sospechabas, hace diez años encontrarte ayer gritando, cual energúmeno, ante un televisor mientras te devorabas  las uñas, todo ello producto de la tensión de un final tan apretado y excitante como el que se vivió en Lille, desde hoy nuestro Trafalgar, nuestro Bailén. Durante el partido no vimos a Pau Gasol: el del Sant Boi era ya Hernán Cortés, Blas de Lezo o Pizarrro el conquistador. Extendía sus brazos en cada mate, en cada gancho excelso como la capa del general sobre el caballo, oteando la colina en busca de nuevas presas, ahora Francia, que se presentaba gallito, con coleta y todo, antes del encuentro. Jugaban en casa. Arropados por su público, pretendían ensañarse con una España malograda, débil en el rebote y que había transmitido muchas dudas y sufrido más de la cuenta durante la fase de grupos; también ante Grecia  en el partido anterior. Demasiada adrenalina acumulada en la misma semana. Pero Francia se quedó en bluff, que no bleu.  Una derrota como esa supone un Maracanazo a la tortilla española (por aquello de “más huevos que la tortilla francesa”) de proporciones bíblicas. Y es Pau Gasol el artífice, el hacedor principal de una de las mayores exhibiciones en un campeonato europeo de selecciones, que lo sitúa en un Olimpo ignoto, acaso solo a la altura de sí mismo, de su leyenda y de E.T., el apodo que en cierta ocasión le endosó Andrés Montes,  el mejor de los comentaristas que haya tenido el  baloncesto en nuestro país.

Fuente: Usa Today

A Pau te lo crees porque es un personaje de novela, más real que la realidad misma. Es nuestro Macondo al que siempre retornamos: algunos permanecen en él para siempre, observando atentamente sus hazañas cada semana en Estados Unidos, donde emula a Hemingway y a Chandler, aunque sin esmoquin ni escopeta de caza. Otros retornan a él cada año para ser testigos de sus proezas en los campeonatos de clubes. Pau Gasol siempre estuvo ahí como el dinosaurio de Monterroso. Lo demostró mate tras mate, en una velada que nos unió en un clamor al unísono. Qué gran noche, que nunca se acabe.

Marcas con alma: Historias de la nariz contadas para los ojos

Lo narrado a continuación no es literatura ni es un ejercicio de inventiva. Los escenarios y las situaciones pueden ser vistos por televisión cualquier día y a casi cualquier hora.


Por ejemplo.

El cielo negro y tormentoso sobre un estadio con inspiraciones romanas y con una ruina próxima. Como el Coliseum de Detroit, si es que lo hubiera. Música atronadora pero con sordina, como escuchada desde un coche en marcha. Un tipo avanza hacia el centro del estadio sin camiseta y con tatuajes aleatorios. Lleva un pantalón de camarero de restaurante chino. De repente un plano de fotógrafos disparando flashes sobre él y sin solución de continuidad, comienza un partido entre varios bocetos blancos y sin rostro y nuestro amigo amoroso. Un nuevo deporte, unas reglas en tiempo real se supone. Entre dos estatuas hechas a cuatro manos por Miguel Ángel Buonarroti  y el Corel Draw se desarrolla una escena de fondo mítico y de forma prescindible. Después recibe una copa al portero menos goleado que se echa al hombro como un butanero y le reciben en el vestuario cinco prostitutas. Es Lovecraft si no hubiera aprobado el COU.  Fin. Invictus,  de Paco Rabanne.

Por ejemplo.

Suena una canción que se llama “Jungle”  y cuenta que tener el pelo enredado es más molesto de lo que pudiera parecer.  Un chica que duerme maquillada y con mucha luz se despierta y nota que algo le falta en la cama de sábanas negras y vistas alucinates. Se pone los tacones y baja de un rascacielos amplio y con el vientre dorado. De repente está en la calle de una ciudad china que quiere serNueva York desde hace años, entre acuarios relucientes y chispas de soplete. Corre con ambición y la canción sube de tono mientras por la calles el vacío es total. Philip K Dick y las ovejas eléctricas son sustituidos por tiendas cerradas hace años. El origami y el humo, cambiados por el olor que tú mismo tienes que adivinar. Llega a casa de un fulano sin rostro que esconde el preciado Black Opium, de YSL. Entre apología del caballo y del nuevo running, ella se aplica varias ráfagas de perfume como el que fuma con precisión y siente que el cuerpo y el esfínter se relajan. Fin.

Por ejemplo.

El cielo azul y el mar crujiendo de silencio. El sol vertical y poderoso. Las rocas de la cala como hechas de azúcar moreno. Un barca mínima sostiene a un adonis torero casi desnudo, que lleva un remo y un calzoncillo blanco. Suena música napolitana de repente y una chica hambrienta mira el torso del torero que como asustado y con miedo a implosionar se lanza al agua con cierto estilo. Ella se entiende que va detrás por miedo a quedarse sola en la barca. Una elipsis en la narración nos lleva a ver a la pareja saliendo del mar y subiendo por una escalera. A él lo vemos desde atrás, majestuoso, subiendo unas escaleras después del baño, aporía y negación a la vez, nada más fantasioso que ser digno en ese momento. A ella la vemos por delante. También con un traje de baño blanco y breve. Ya no aguantan más y se besan con pasión. Cuando él comienza a desenvolerla una claqueta nos dice que todo era una broma, meta literatura, un gran engaño visual, la Guerra de los Mundos del pene ya marchito de tan oprimido. La historia no era real, era un rodaje de otra cosa. ¿De qué? No lo sabemos, pero el remo ya no está y las rocas tampoco. Fin. Light Blue Fragance de D&G.

Por ejemplo.

La lluvia cerrada y dura sobre un selva enigmática. La noche cayendo o quizá, siempre de noche. Ruido de gotas gordas y de hojas de árbol defendiéndose.Horacio Quiroga por la oscuridad y la selva, García Márquez por la lluvia y la selva, Carpentier por la música culta y la selva, Jorge Icaza y Huasipungo por la selva y la piel oscura tintada de la modelo que aparece y corre y corre. Corre mientras ríe asustada por la soledad de estar en una selva tan grande y misteriosa sin nadie más que le acompañe. De repente la olas rompen contra las rocas y lo que era lluvia de caliente ahora es agua de frío atlántico. La chica llega a una playa ya muy mojada por el agua a lo coruñés y antes de que podamos decirle que no lo haga, que se va a helar, ella se tumba y deja que su cuerpo se empape más todavía.Se empapa de golpe y enseña unos ojos azules como de hielo o como simplemente, de empezar a ponerse enferma. Fin.  Acqua de Gio.

Por ejemplo.

Un tipo con voz afrancesada y el idioma también, que después de varios tonos analógicos habla a un contestador automático. Tiene una manera de decir las cosas que recuerda a alguien que quiere sexo pagando. Mientras, Chloé, la dueña del contestador, se regocija del deseo que provoca en él mientras ríe y baila por el apartamento luminoso, suponemos que de París.  Él cambia de idioma para demostrar capacidades y comienza a ordenar que le atienda, ahora en inglés. Ella sigue a lo suyo y se revuelve en la cama abrazada a un frasco de perfume desproporcionado, como de aeropuerto de Dubai, como del duty free de Makro.  Chloé es mala o traviesa, nunca lo sabremos. Fin. Chloé.

Por ejemplo.

Valentina está en una fiesta muy aburrida y decadente y entonces salta por la ventana. No sabemos si estaba castigada sin salir o si estaba recluida en esa casagatopardesca contra su voluntad.  Varios coches negros salen en su busca y los perros ladran a la luna. No  huye para escapar, corre para irse a un garito con pinta de caro en el Trastévere. Ríe, canta y se besa con un chico mientras en el palacio al que pertenece, la fiesta se ha acabado y los invitados grotescos y caducos se retiran a sus villas como los personajes de La Cábala de Thornton Wilder. Es un drama que Valentina no esté en casa para despedirlos. Se hace de día y Valentina desciende unas escaleras con sonrisa gustosa. No sabemos si volverá  a casa o seguirá de mañaneo.  Fin. Valentina ,de Valentino.

Los perfumes no pueden olerse por una pantalla y las marcas tratan de generar escenarios y vinculaciones emocionales a veces muy forzadas.

Al ser un producto sensitivo y por definición, generar en el usuario sensaciones subjetivas, es complicado trabajar en un territorio de marca coherente. Durante muchos años han tratado de trabajar escenarios aspiracionales que han quedado muy lejos de la noción de producto que tenemos hoy en día. El lujo recogido en una pequeña botella como sustitutivo de la frustración al no poder comprar el vestido de la marca era el primer racional de los perfumes. Ahora necesitan variar su mundo de referencias visuales aleatorias para trabajar en una racionalidad que les lleve a acercarse más a la gente. Es un reto porque un olor, racionalmente,  no te hará ser más poderoso o rebelde. O sí.  Pero es necesario contarlo desde otro lado y no desde la fantasía más estéril.

Chanel Nº 5 es un ejemplo de cómo las campañas y los espacios mentales que crean sirven para apoyar periodos de venta estacionales pero no sustentan la marca. Son otros atributos, como la iconografía, el cine o el envase lo que hacen que la manera de comportarse de la marca sea reconocible.  No habla de experiencias místicas en sus spots, habla de todo lo que desprende la marca, de dos o tres grandes conceptos, no más. La mayoría de los perfumes intentan construirse desde la televisión y es un error, porque en 20 segundos no solo no se huele, tampoco se entiende una historia. Deberían acabar en la televisión y no empezar. Usar el canal audiovisual para contar con palabras e imágenes lo que no puede ser olido.

Sparklehorse – Shade And Honey

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Madrid, cuando los taxis eran negros y rojos. Hombre de letras, hombre de marcas. Durante toda mi vida he intentado juntar las dos cosas en una sola y aún no lo he conseguido del todo. Lector voraz, inquieto observador, baterista de jazz de cintura para abajo, y planner publicitario en ayunas, trato de estar contento casi siempre. Ahora intento crear un branding con alma mientras dejo a medio escribir novelas, relatos o poemas, según el día. Especialista en construcción de marca en entornos digitales he trabajado para sectores y clientes muy diversos.

La huella celeste de San Lorenzo

Era el día de San Lorenzo, como lo había sido un año antes y otro antes del anterior. En realidad, siempre era San Lorenzo en aquel pueblo. Las Perseidas iluminarían esa noche el cielo, dibujando brillantes estelas. Las lágrimas, le decían, las lágrimas de San Lorenzo. Había varios grupos en el pueblo que se juntaban para verlas, cada 11 de agosto en el alto de San Pedro.


Desde allí podía observarse el valle entero. Era el lugar idóneo. Mar y tierra se juntan en una sola mirada. La llegada de la medianoche era el aviso de que la hora era ya propicia para presenciar el espectáculo. Desde el alto de San Pedro la esfera celeste se cerraba por todos los lados y las lágrimas, fugaces meteoros que se desvanecían salpicando el cielo de su poso dorado, dejaban el recuerdo también en la memoria. Aunque hacía años que no iba por allí, intuía que los recuerdos seguirían flotando en esa colina.

Se despertó cerca de las diez, como cualquier otro día de aquel verano. No tenía prisa, aunque tampoco debía demorarse.  El trabajo le exigía estar a la hora, por lo que procuraba estar  puntual, aunque tampoco mucho. Detestaba a los tipos puntuales. Las doce y treinta y tres es una buena hora para llegar a las doce y media, pensaba. No había motivo para llegar a y veinticinco. La vida es demasiado corta como para llegar cinco minutos antes al trabajo. Siempre puedes, no sé, quedarte  media hora más en la cama. Sin razón aparente. No  tienes un propósito. Durante  ese tiempo notas  cómo crece la verdísima hierba a tu alrededor. La vida sigue y tú la observas. Vale la pena detenerse durante, al menos, cinco minutos.

Pensaba todo eso entretanto lo hacía, desperezándose a la vez. Trabajar en esto está bien, advertía. “Al menos me mantiene la cabeza ocupada”.  Se dio cuenta al mirar el reloj. San Lorenzo, doce de octubre de 2015.

Llegado a la redacción, la rutina era similar cada día. Suponía una liturgia cíclica. Unas cuantas llamadas, dos o tres notas, un esquema, contrastar… Y tenías un reportaje más o menos decente. A eso de las cinco, recibió el mensaje de Candela. “A las nueve, no te olvides, que te conozco. Lleva abrigo hoy. Hará viento”. Le gustaba esa chica. Era graciosa y divertida. De esas cuyo tono resulta por sí solo agradable, con una conversación inteligente, un cierto estilo hasta para fumar y gusto por la bebida. Le gustaba leer, además. Aunque no lo consideraba imprescindible, sumaba puntos.

Como todas las cosas malas, y por ello buenas, se conocieron años antes en una noche de San Xoan. San Xoan, como otras juergas, implica cosas que aparecen en otras juergas, solo que las reúne todas en una: el calor de la fogata y del licor café, el sabor de las sardinas y el pan de millo, la temprana llegada a casa a eso de las diez de la mañana (más vale pronto que tarde), el proceso de arrojar toda tu ropa a la lavadora cuando no a la basura… San Xoan, en Galicia, no es la fiesta: es el juegos reunidos Geyper de las fiestas.

Desde entonces, nada volvió a suceder: ambos se fueron a la universidad. Ciudades distintas y vidas distintas les separaron. Aquella historia quedo allí, como uno de esos libros que empiezas pero a las treinta páginas depositas nuevamente en la estantería. No estás preparado.  Quizás no era el momento y el lugar idóneo. Pero el libro sigue en la estantería, esperando a  que lo cojas. Aunque quién sabe, siempre puede aparecer tu madre y venderlo en algún mercadillo. El caso es que todo siguió ahí, pasaron los años y en el reencuentro todo seguía intacto. Pasaron los meses y las cosas que debían pasar; es posible ahorrarse algunos detalles sin dejar de asegurar que finalmente estaban juntos.

Aquella tarde salió antes del trabajo. Hacía una temperatura espléndida. Suave brisa,  algo de calor, pero no demasiado, el sol poniéndose al fondo de la ría y el olor a algas y pulpo en la puerta de casa, saliendo de la taberna de al lado.

Apareció a la hora acordada, dos minutos antes, para ser precisos. Armada de linterna y termo de café, le esperaba enfundada en la cazadora en la puerta de su casa.

-Pensé que tardarías neniño. ¿A dónde iremos esta vez?

-Bueno, creo que iremos al alto de San Pedro. Hace tiempo que no voy por allí y desde ese lugar se ven bien. Además tu nunca has estado allá arriba, ¿no?

-Qué va, iba de pequeña con mis padres de acampada, pero a saber cómo estará eso ahora. Casi ni me acuerdo de cómo era aquello.

Tardaron cerca de media hora en llegar. Circulando por estrechas carreteras, ascendieron la montaña. Había que sortear algunos tramos angostos, con el suelo sin asfaltar.  Algo muy típico de aquellas zonas rurales.

-Pillamos este atajo mejor, que sino no llegamos ni mañana.

-Mira que no nos perdamos.  Iba a ser buena, entonces.

-Tranqui, mujer, además no es al sitio donde suelen ir todos. Aquí estaremos tranquilos, nadie podrá molestarnos. Además, vas a flipar que se ven de lujo desde esa parte del alto.

Entre caminos de silvas, tojos y eucaliptos se adentraron con el cuatro por cuatro en la colina hasta llegar a su destino: se trataba de una especie de mirador, un pequeño acantilado abierto al mar, colgado de un lateral del promontorio. Aunque habían pasado muchos años, el lugar había conservado su encanto  encerrado en  la hornacina de su propia naturaleza. A su alrededor solamente se escuchaba el silencio, algún que otro grillo y los pasos de ambos  sobre la roca. Deambularon un rato, hasta encontrar un sitio en el que sentarse. Estaba todo igual que en aquel entonces, y sabía a qué “entonces” se refería. No se lo dijo a ella, pero volver allí era como enfrentarse con el pasado.  Ya creía estar preparado.

La primera de las lágrimas la vio ella.  Una lengua dorada cruzó de lado a lado el cielo, y ambos la vieron porque estaban atentos. Se afanaban en detectarlas el uno antes que el otro, recolectándolas con la mirada igual que el pescador tensa sus reflejos para capturar una nueva pieza.

-¿Viste esa? Ostras, tía: ¡era enooorme!

-No veas, con las lágrimas, macho.

-Oye, tengo unas botellas de vino en el coche, casualmente se quedaron ahí el otro día.

-Casualmente-apuntó ella, arqueando las cejas.

-Bueno, tampoco tan casualmente, supongo. ¿Quieres o no?

-Venga trae, si total, un día más…

– Di que sí, que es verano.

Entre trago y trago, pasó la siguiente media hora, y llegado un punto ambos permanecieron en silencio. No era de esos silencios incómodos. Observaban el cielo sin más, mirándolo sin mirar. Uno de esos silencios necesarios.

-Candela, ¿crees que las cosas desaparecen para siempre de nuestras vidas?

-¿ A qué te refieres? –observó ella.

-A que si desaparecen así sin más, sin legarnos una huella,(porque, al final, yo creo que cada uno tiene su forma de ser y aunque cambies siempre eres de la misma manera), o en cambio cada cosa te va haciendo quien eres en cada momento.

-Yo estoy más por lo segundo.

-¿Qué dejan huella?

-Desde luego. Cada vez que miras al sol directamente duele,  a tus ojos les cuesta. Pero la siguiente vez les cuesta menos. La vida te va cincelando por todas partes, cuando no golpeando con fuerza.

– O sea, que tú no eres la misma que hace un año, por ejemplo, cuando empezamos a salir.

-Desde luego, en la medida en que tú forma de ser me ha cambiado, me ha hecho diferente. Sigo teniendo mis cosiñas, claro. Pero, mi rey, obviamente que vamos cambiando con el tiempo. Si no, no avanzaríamos. Nos estancaríamos y tendrías quince años toda tu vida. Quince o cuarenta y cuatro, los que quieras, vamos. Pero que las cosas cambian, eso seguro.

-Fíjate en este lugar –señaló él-. Está exactamente igual que la última vez que vine. Hace ya cuatro años. Las rocas son las mismas, la vegetación, en ese árbol sigue la misma inscripción. ¿Cómo es que todo sigue igual aquí, y nunca parece que nunca hubiera pasado el tiempo?

-La próxima vez que vengas, ya no recordarás la ocasión que hoy recuerdas, sino la de hoy. Sí, en ese aspecto seguirá siendo igual, pero no de la misma manera. No al menos igual que hace cuatro años.  Para empezar, hace cuatro años no habías tenido esta conversación ni habías venido conmigo eeeh. Y sabes que ahí está la clave, chaval –sonrió ella, al tiempo que le guiñaba un ojo. Ambos rieron.

Cerca de las cinco de la mañana decidieron volver a casa. Mientras conducía de regreso, pensó en aquella conversación, y en si su impresión de aquel lugar ya estaba cambiando. La miró a ella, que dormía al lado con la boca abierta, como solía hacer. Se sonrió para sí. En el fondo, sabía que, como  las lágrimas, todo cuanto pasa en la vida deja una estela. Infringe una cicatriz. Como el agua que erosiona el río por el que transita. La vida es la marca que deja el viajero en el camino por el que pasa. La lágrima que deja su huella en el cielo. Consiste en una marca imborrable. La realidad de un viejo tatuaje de tinta ya gastada.

J.B.

Instrumento de cuerdas,
fantasma de viento que ha perdido el miedo de vibrar,
proyección de amores roídos por el tiempo:
Quédate conmigo.

Instrumento de cuerdas, tú,
que compones cadenas de perpetuas sinfonías,
y perpetuas el mundo en tu mirada de tenor desgarradora.

Tú, viento de nostalgia que se arrastra del Oeste y hacia el Sur,
me has hecho devota a tu estribillo:
morir sin monedas.
Y someterme a este insomnio guillotina,
pendiendo del cuerpo de tus notas.

Tú, instrumento de cuerdas,
me has convertido en espesura Lilac Wine.

Con la punta de tu lengua
recitando un Hallelujah;
desplegando el mundo en la palma de tus manos,

Para mí,
para ella,
para todos los mortales.

Tú, en sacrilegio a la intemperie,
en la promesa de las noches que perecen al nacer…

Lover
Lover
Lover
You should’ve come over.

Instrumento de cuerdas, tú,
que has convertido tu música en plegaria,
que has revertido la tristeza en una menta de dulzura;
que conviertes los acordes en una forma de Gracia,
y la gracia en una forma de cielo.

Tú, que devuelves a la vida mi canción de los vértigos azules:
So
So
So
Real.

A ti te llamo,
Carretera perdida,
Ladrón de las mañanas,
Lugar del extraño despertar;
Es a ti que estoy llamando…
para que vengas a aventarme.

Blue Monday: Collage de experiencias lunáticas

Un lunes encontré esta extraña carta por el suelo:


Esto es un recorte de mis experiencias luníferas, lunáticas. Los lunes son lo más parecido en mi experiencia vital a viajes a la luna. Quizá alguien crea que sólo son anécdotas de días normales de la semana, pero mi conciencia al escribir esto está en paz, porque sé que todo lo que voy a contar fue recogido en varios lunes a lo largo de varios meses, y ningún otro día de la semana.

Para empezar hay que dirigir la mirada. En primer lugar, los días son como personas, cada uno tiene un sentimiento especial. Aprender a verlo, conocerlo y sentirlo es amarlo. Cuando piensas que es una mierda, quizá lo que necesites sea una espiral para poder ver que hay algo más. Sabes cagar, y aun así puedes apreciar el trabajo de un pañal.

Pero antes de mirar, tenemos que conocer aquello que nos pasa los lunes que lo hacen de una especie tan particular. ¿Quién está consciente un lunes a la mañana? La razón sigue soñando. Quizá nos cueste más trabajar, pero no todo es cuesta arriba: soñar es como esquiar una cuesta empinada hacía abajo.

Esta mezcla genera momentos de lo más surreal. Es admirable. Tan sólo deseo despertar el aprecio en la brújula de la conciencia para aquellos que se encuentren perdidos en la frustración: entre las esperanzas de que llegue la razón, las montañas de la rutina o las nubes borrosas de la nostalgia de la noche del sábado. O quizá alguien no sepa apreciar los domingos. Por eso aquí también trataré de ayudarles. Como si estuviéramos en un tornado, dejemos que la mente vaya volando hacía las nubes. Vamos a estar guapas sin maquillar gracias a nuestra felicidad.

Y aquí, algunas razones por las que estoy enamorada de los lunes por la mañana:
Porque solo un lunes a las nueve de la mañana le falla la lógica a tu profesor. Dirá: “Hoy va a ser un día largo. Vamos a hacer un descanso de menos diez a en punto; lo vamos a hacer a menos cuarto”.  Pasará desapercibido, como un secreto entre el que está atento y la realidad.

Naturalistas

  1. Es demasiado pronto en la semana para que se despierte la vergüenza. ¿Crees que los sonámbulos tienen vergüenza? Allí está la respuesta. Quizá la mezcla de la puerta giratoria de tu facultad y tu falda lleve a un exhibicionismo casual, pero da igual. Tú único objetivo era pasar la tarjeta correcta por la “ticadora” y que no se te cayera nada de las manos.
  2. Olvídate de los complejos físico corporales.  Se te acercará una señora en el vestuario del gimnasio secándose el cuerpo con un secador de pelo porque le han robado la toalla. ¿Por qué roba alguien una toalla? También es lunes para el mundo de los ladrones.

Salud, salud mental, o tan sólo saludar 

  1. Serás un Sim de GTA (de la versión más antigua). Si estás con una persona y quieres saludar a otra a la vez, quizá te bloquees como un mac con un almacenamiento libre de menos del 10%.Beach_Ball_of_Death_by_hamsher
  2. O quizá estés tan metido en tu proceso de despertar que para el tiempo que tarda en llegar el mensaje de tus ojos al cerebro que dice: “Eh a esta persona le conozco, voy a saludarle”, ya estás sentada en tu silla de clase y esa persona está en otro lugar (luego creerán que eres borde).sims
  3. Y aunque estés sola y les reconoces, no signifique que estés libre de ocurrencias lunáticas. Puede que te encuentres con una persona con la que tengas ganas de hablar. Pero aun así tu mente y cuerpo actúan como una cáscara que impide la comunicación; y seguirás en silencio intentando despertarte, sin realmente entender qué está pasando.
  4. Y quizá pienses que esto se está convirtiendo en una obsesión.
  5. Pero luego terminarás en un hospital cuando solo querías rodar. Por una alergia misteriosa. Mirarás el calendario. Verás: es lunes.bug2
  6.  Creerás que puedas escaparte de lo surreal, pero luego mirarás tu camisa un lunes por la noche y te darás cuenta de que llevaba todo el día al revés.

Foto del día 13-4-15 a las 22.02 #2

 

Horas, minutos y segundos
A veces la hora es algo que sólo va en tu contra. Te levantas tarde para un examen que llevabas estudiando todo el fin de semana. Quizá quieras convertirte en un grano de arroz, pero tendrás que olvidarte de eso porque no es una opción. Tu mundo se convierte  en algo sin fin y sin comienzo. En vez de ir a clase, irás al gimnasio. Pero quizá de camino te encuentres con una plaga de ancianos en Media Luna. El lunes a las once es su hora favorita para andar. Les ves en su paz, crees que estos señores han sobrevivido la adolescencia. Pero quizá pase algo que cambie tu percepción. Un anciano delante de un graffiti de la bandera de España se dará la vuelta te mirará y volverá al graffiti. Verás como empieza a escribir “ETA” con una tiza. Quizá a  partir de ese momento te cambie tanto la percepción que se te hará imposible incluso creer que hoy es lunes. Dabas por supuesto que los ancianos no hacían esas cosas. Pero ahora has visto que no. Cualquier cosa puede ser. Ahora todas las miradas esconden algún misterio. Es cuando te das cuenta: “Hoy es lunes, ¿por qué lucho tanto? Sé cómo son las cosas, tengo que aceptarlo”.

Quizá la semana siguiente te levantas pronto. Lo cronometras todo para estar puntual el lunes por la mañana. Incluso te duermes pronto y ordenas la mochila, la ropa y el desayuno para poder llegar. Llegas 5 minutos antes. Te encuentras con Majo, de tu clase. Te dice: “Hoy habían cambiado la clase a las 10″. Aprovecharás para organizar viajes que no harás, para hacer yoga y crear videos que más tarde se borrarán del ordenador, y tener un poco más de felicidad.

Sin planear llegarás puntual. Al  volver a casa encontrarás un hombre de correos tocando el timbre de tu casa.  Dirás: “No hay nadie en casa”. Le sorprenderás. Sólo los lunes se abre al cartero por detrás. Pero tranquilos, el paquete será para el vecino que no está, en realidad nadie se preocupa por enviarte cosas a casa.

Quedar
Quizá marcas una hora y un lugar.  A lo largo de tus aventuras de lunes él (aquel con quien quedaste) olvidará. O quizá tú le dejes plantado. Pero es lunes, da igual.

Jueves
El jueves sin embargo quizá de camino a clase en el aparcamiento escuches “Rock you like a hurricane”. Será Alejandro Velasco, el chico tan callado que se sienta delante de ti en clase. Le saludarás a gritos.

Volver de vacaciones
Aunque sea un miércoles, parecerá un lunes. Cualquier día a la vuelta de vacaciones surge este fenómeno.

¿No te encantaría que fuese lunes todos los días?
Pero si lo fuera, no habría domingos. Esos días en las que lo único que haces es la nada. Te recompones, y dejas de hacer humano y te conviertes en ser humano.  Y si llueve puedes apreciar la lluvia porque estás dentro de casa. Y si hace sol puedes apreciar el sol porque estás en casa. Dormir en un día soleado de invierno con las persianas abiertas… es de lo más bello. Quizá no duermas por el sol, pero puedes apreciar la inutilidad de moverte. Es un día sin remordimiento. Es un día improvisado: yoga, Youtube, películas B, cine francés, vino, garrotes, parques, libros, escritura, conversaciones…

Pero estas cosas que comparto solo son aquellas cosas que puedo compartir. Aquellas cosas que forman parte de la realidad. El mundo de la magia es más amplio, pero para ello hace falta buscarla. Es algo de lo que no se puede hablar. Más que la curiosidad, la sorpresa, la ciencia.

Los días son como personas. Cada uno transmite una sensación. Por desconocer las palabras para apreciarlo quizá te parezca una mierda. Pero si lo apreciamos, sentiremos mejor.

Quizá los lunes sean más difíciles que el fin de semana. Quizá sean menos racionales que el resto de la semana. Pero tienen mucho para apreciar.

Quién sabe, quizá la próxima vez que llenas los ojos de aprecio en un lunes veas algo volar (algo que no debería poder hacerlo).

Nudos desnudos: La semana

Ya sé que existen mil maneras pero una sola,
que la culpa no la tienen los domingos ni los lunes,
ni los viernes y los sábados son más que nadie,
ni los miércoles son un punto de inflexión,
pero es que hoy es martes
y ni marte es mi planeta favorito,
ni amarte se presenta algo bonito,
si los jueves son para que juegues conmigo,
o más bien sin mí.